2 de noviembre de 2013

El extraño caso de Manuel Jabois

Cómo conseguir seguidores en FAES y en Lavapiés
y no morir en el intento. 

Manuel Jabois es sinónimo de controversia. Dejando de lado a sus followers, que a juzgar por las ventas de sus libros deben ser legión, el columnista de El Mundo tiene dividida a la opinión pública entre quienes piensan que está hecho un facha de armas tomar y quienes le denuncian por bolchevique. Un tuit suyo habla de hecho sobre una eventual quedada entre ambas tribus, ambas facciones de detractores. «Va a ser como un partido entre discapacitados y golpistas», indicaba cuando por el mes era de mayo.

Cuando hace la calor, en el arranque de agosto de 2013, escribí a Jabois porque buscaba hacerle algunas preguntas sobre su último libro, Manu, una crónica de la paternidad escrita en primera persona, algo así como la consumación del periodismo gonzo: tener un hijo para contarlo. Las semanas pasaron, sin embargo, tras el verano vino el otoño, Manuel no contestaba o me daba largas. Tenía entendido que estaba tratando con un auténtico rockstar del periodismo, una profesión donde la velocidad viene a ser el equivalente futbolístico a distinguir la camiseta de tu equipo, a tener una raqueta para darle a la bola de tenis, así que tampoco insistí demasiado en el tema. En nuestro camino de se interpuso una bandeja de salida que no se la salta ni la CIA, el demonio maligno de la técnica que vuelve a la carga, se come tus deberes y manda muchos mails fantasma, pero finalmente conseguimos entendernos.

Hay que decir que lentos para algunas cosas somos ambos. La entrevista me la envió a finales de septiembre. La he mantenido en una situación macerada por razones externas a mi voluntad. Disfrutad, no obstante, de este vino añejo.

Jugando la banda aparte.

El carácter anfibio de Jabois, esa capacidad de cosechar seguidores tanto en FAES como en Lavapiés, puede ilustrarse mencionando simplemente quién edita sus textos. A un lado del ring está Pedro Jota, el periodista más molesto que han tenido la mala suerte de padecer los gobiernos de España desde la Transición; su periódico ha hecho más por la caída de los ídolos, por el descrédito de la casta política que quince asambleas del 15-M. Ayer fue Felipe González y los GAL. Hoy Mariano Rajoy y el caso Bárcenas. En la esquina opuesta tenemos Pepitas de Calabaza, el sello donde Jabois publica sus libritos, cuya línea editorial claramente libertaria, un referente dentro de la izquierda contracultural, ecologista y anti-Estado, que seguro que consultan los haters de Orbyt.es.

Que por el monte corran las sardinas, tralará, que Manuel Jabois figure en un catálogo que incluya títulos como La abolición del trabajo, autores como Lewis Mumford o Miguel Amorós, que los extremos en política puedan llegar a tocarse o que Pedro Jota sea el nuevo antisistema solo puede resultar sorprendente para los ideólogos cegados y con carrera de partido por delante. Como me responde Jabois a la pregunta: este jugar a varias bandas, ¿cómo se lleva? «Yo juego en mi banda, como mis compañeros de El Mundo, que son cada uno de su padre y de su madre. Escribo sin organizar el universo por militancias, menos aún colectivas. Tanto a Pepitas de Calabaza como a mi periódico les importa por encima de la ideología, la calidad. Ser bueno es una idea brillante, un programa electoral magnífico para ir por la vida.»

Siguiendo esta misma línea de razonamiento, Jabois también desdeña el autoanálisis ideológico, esa manía de encuadrarse uno mismo bajo una bandera prestada, esa voluntad de apuntarse voluntario a los comprometidos por la Causa, tan próxima muchas veces del dogmatismo y las ganas de tener la verdad a toda costa, dando conejo por liebre en la argumentación normativa. En sus propias palabras: «No me veo a mí mismo ideológicamente —quiero decir que no me estudio— porque aunque de vez en cuando expreso claramente mis ideas, o me burle de ellas y de las de otros cuando se van a extremos, no creo que lo que yo piense sea mejor que el que piensa lo contrario.»

La clave del éxito —me susura Jabois por lo bajini— el truco que tiene para escribir a diario, facturar un libro cada dos años, tener tiempo para hacer performances (véase su paso por el festival Primera Persona), recibir premios y perder trenes —como cuenta en Manu— sin perder el juicio en el intento, es bien sencilla: «Me cuesta escribir para mi». Wikiquotes nos informa que la cita «Un escritor es alguien para quien escribir es más difícil que para los demás» la escribió —suponemos que con esfuerzo— Thomas Mann. Tomando por evidente que escribir consiste en entregarse a los demás, exhibirse hasta el límite de la alteración del orden público, hacer algo casi delictivo, Jabois confiesa que Manu «es un libro escrito para mi con el que certifico un fracaso: solo he podido hacerlo teniendo la certeza de que lo leerían otros». En cuanto al motor inmóvil de esta pasión (¿acaso lo dudaban?) es la vanidad pura y dura.

Sobre la paternidad escribe Jabois: «Es un acto egoísta, supongo que como todo, y un ejercicio de vanidad el convertirla en un libro para llevarlo a otras casas». ¿Y el propio libro? «Un dietario fácil», declara, «escrito de una manera muy rápida para que de alguna manera quede por escrito algo que no devorará la humanidad». Con escritores así, ¿quién quiere críticos?

«La ficción me seduce como una milf.»

Hablamos de su prole, Manuel Jabois Junior. Los medios que leerá (¿conseguirá interrumpir Jeff Bezos la sangría actual de la prensa?), el mundo en qué vivirá (llegar a la mayoría de edad en 2030, dadas las expectativas ecológicas de este siglo, no suena muy bonito que digamos), el himno de fútbol que coreará (no hay discusión: el Alá Madrid, dice el padre). Manuel Jabois El Viejo es optimista (aunque el optimismo, como reza un chiste de la tercera temporada de Homeland, consista muchas veces en saltar desde un rascacielos repitiendo hasta dar con el suelo: «Todo va bien por el momento»). El hijo de Jabois leerá en digital, claro. «Pero me gustaría que reservase los momentos más aristocráticos del mes para darse un homenaje con alguna vieja publicación de papel que haya ofrecido resistencia.» Saludos desde el pasado a los resistentes.

También hablamos de su novela. El columnista ha anunciado varias veces su esperada y demorada aparición narrativa en sociedad. Antes de fichar por El Mundo, Jabois estuvo colaborando para distintas publicaciones periódicas, haciendo crónicas personales y comentarios de actualidad; Irse a Madrid (Pepitas de Calabaza, 2011) recopila algunas columnas suyas. En todas ellas transpira una cadencia estilística que parece encorsetada por los límites de la realidad, está llamando a la puerta de la ficción y reclama mayor amplitud de posibilidades narrativas. No obstante, Jabois no suelta prenda. Pero sí sentencia: «La ficción me seduce como una milf: siempre estoy pensando en ellas pero nunca me atrevo a invitarlas a una copa».



Esta conversación iba a tratar en principio sobre la paternidad. Que conste que yo quería ensalzar la figura paterna moderna, ese producto de marketing que Cesar Rendueles tan bien diseccionó en cierto artículo, para el cual están destinados los anuncios rositas. Pero Jabois es más rústico. Contempla «la paternidad en el siglo XXI como en la Antigüedad: un señor despejando espermatozoides y trayendo bisontes a casa para que el retoño crezca.» Quizá sea gracias a la descripción de los elementos contextuales del embarazo que Manu ha sido celebrado como uno de los libros mejor escritos desde la paternidad, a la altura de su homólogo por parte de madre, Nueve Lunas de Gabriela Wiener. Pues estamos ante una narración donde la profesión del padre ocupa casi todo el texto, señalando su posición periférica, la importancia de ganarse la vida y provide for the family, como diría Walter White. Lean la entrevista completa por Zeus antes de llamarle heteropatriarcal por esto último.

[Entrevista]

Ernesto Castro: Antes del verano apareció Manu, un libro sobre un escritor que tiene un hijo. Tú mismo eres el personaje principal de una historia donde tu profesión de periodista llega a cobrar mayor protagonismo incluso que el embarazo o el parto de tu mujer. En España se han escrito algunas novelas geniales sobre la maternidad, como Nueve Lunas de Gabriela Wiener, pero Manu quizá sea un ejemplar primerizo de un formato todavía sin explorar: el relato en primera persona del devenir padre de individuos irónicamente patriarcales y hasta viriles. Dime, ¿ves posibilidades comerciales en el género? Manu desde luego se vende como churros. Algunas preguntas habituales, solo para hacer canon del tema: ¿cuales son tus referentes literarios?, ¿cómo hallas la paternidad en el siglo XXI? Y aún más importante, ¿cuando sacas tu opera prima de ficción? Por las páginas Manu ronda tu esperada y demorada aparición narrativa en sociedad. ¿Te has puesto manos a la obra con ello? 

Manuel Jabois: No creo que sea un género en sí mismo más allá que un dietario fácil, escrito de manera muy rápida para que de alguna manera quede por escrito algo que no devorará la humanidad, pero sí espero que un par de generaciones familiares que vengan detrás de mí. Es un acto egoísta, supongo que como todo, y un ejercicio de vanidad el convertirlo en libro para llevarlo a otras casas. Me cuesta escribir para mí, pero este libro es un libro escrito para mí con el que certifico un fracaso: sólo he podido hacerlo teniendo la certeza de que lo leerían otros. En cuanto a la paternidad, la veo en el XXI como en la antigüedad: un señor despejando espermatozoides y trayendo bisontes a casa para que el retoño crezca. La ficción me seduce como una milf: siempre estoy pensando en ellas pero nunca me atrevo a invitarlas a una copa.

EC: Y otro interrogante convencional: ¿cómo ves el mundo (en minúscula) que heredarán tus hijos? Quiero decir, en 2030, cuando Manuel Jabois Jr. alcance la mayoría de edad, la tasa desempleo juvenil no estará —espero— en el 60%, pero las cuestiones migratorias y ambientales seguirán sobre la mesa, asuntos públicos que no visitas a menudo en tus múltiples columnas de opinión, por cierto. ¿Hay vida periodística inteligente más allá de Bárcenas & co.? Y al filo de esto último, ¿alguna profecía sobre los periódicos que consultará Manuel Jabois Jr.? Ya sabemos su equipo de fútbol, el Real Madrid. Pero todavía ignoramos si Jeff Bezos o alguien así parará la sangría actual de la prensa. Para cuando la décima del Real, ¿seguirán vivos los diarios en papel, esa especie en peligro de extinción, o la Tierra será cosa de los bloggeros? 

MJ: Soy optimista. Mi hijo conocerá un mundo mejor que el mío de la misma manera que yo, desde luego, he conocido un mundo mejor que el de mi padre. Leerá en tableta, indiscutiblemente (si la tableta llega y no se inventa nada nuevo), pero me gustaría que reservase los momentos más aristocráticos del mes para darse un homenaje con alguna vieja publicación de papel que haya ofrecido resistencia. En el futuro habrá blogueros, periodistas y hasta zapateros. Los oficios permanecen y mejoran como oficio, no sé ya si como medio de vida.

EC: Hablando del presente y del futuro, hace poco estuviste invitado en la última edición del primera persona, un festival interdisciplinar donde la literatura comparte espacio con la cultura urbana y la música popular (este año trajeron a unas punkrockers octogenarias y feministas que son la hostia: The Raincoats). Y allí estabas tú, en tierra hostil, rodeado de cubiletes y pelotas del Barça, contando una historia sobre una noche que estabas borracho, si no recuerdo mal. Me encantó. ¿Consideras profundizar en el performance como formato creativo en el futuro? Eres bueno, tío, de veras. 

MJ: No, en absoluto. Mi exhibición es en el folio y me parece suficiente. Encima de un escenario yo lo único que hago es el ridículo. Luego puedo hacerlo con peor o mejor estilo, pero el rídiculo totalmente. Te lo aseguro. Vi las caras de ese público y mientras aplaudían y reían pensaban exactamente lo mismo que yo.

EC: Manu es el segundo volumen que sacas con Pepitas de Calabaza, según su página web, "una editorial con menos proyección que un cinexin", conocida por sus libros de crónicas (este noviembre publican Alpinismo Bisexual de Simón Elías Barasoain con un epílogo tuyo), pero cuya linea editorial se encuentra orientada sobre todo hacia el anarquismo y la contracultura. Entre autores como Lewis Mumford o Miguel Amorós y títulos como La abolición del trabajo, los cuales  suscitarán seguro la sospecha de tus compañeros de El Mundo, se hallan dos libros tuyos. Este jugar a varias bandas, ¿cómo se lleva? 

MJ: Yo juego en mi banda, como mis compañeros de El Mundo, que son cada uno de su padre y de su madre. Escribo sin organizar el universo por militancias, menos aún colectivas. Tanto a Pepitas de Calabaza como a mi periódico les importa por encima de la ideología, la calidad. Ser bueno es una idea brillante, un programa electoral magnífico para ir por la vida. No hablo de mí, naturalmente. Aunque con algún artículo lo piense, como diría Manquiña.

EC: En Twitter decías hace unos meses: "Tengo que presentar a los que me llaman facha y a los que me llaman bolchevique. Va a ser como un partido entre discapacitados y golpistas." A caballo entre la toma del Palacio de Invierno y el golpe de Estado del 36, ¿hay alguna posición ideológica intermedia que puedas decir tuya? Como columnista respondón eres insuperable, como tantos otros retratistas de costumbres cortesanas que habitan las páginas de El Mundo, pero muchos nos preguntamos qué ideología concreta o que principios distributivos secundas más allá de estar a la contra de los poderosos, de los corruptos, de los ineptos y del gobierno.

MJ: Yo escribo una columna casi todos los días de la semana y desde hace mucho tiempo. Es imposible, leyéndome, que alguien no sepa qué pienso de la sanidad y educación pública, de los nacionalismos o del aborto, por poner tres ejemplos que mucha gente ansiosa utiliza para meter a alguien en el rebaño. No me veo a mí mismo ideológicamente –quiero decir que no me estudio- porque aunque de vez en cuando expreso claramente mis ideas, o me burle de ellas y de las de otros cuando se van a extremos, no creo que lo que yo piense sea mejor que el que piensa lo contrario. Salvo los límites del sentido común, claro. La defensa del débil o reconocer que al Madrid le perjudican los árbitros son cosas que no pueden estar nunca en un debate público por obvias.

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